Soy collagista hace más de 6 o 7 años. Comencé mis aprendizajes con Luz Aramburú en la ciudad de La Plata. Sus puertas se abrieron tanto como mi mente y mi alma.
Fue un camino de ida. Empecé a ver distinto.
Las imágenes podían transformarse, dejar de ser lo que eran, las tipografías volverse rostros, jamones ser cabello humano.
Los colores, mi propio diccionario, el verde de nuestros derechos y el rojo del gauchito se mezclaron. Elementos que se volvieron propios, míos totalmente. Como el vacío y el sillón cóncavo. Este camino lo recorrí en comunidad, rodeada de otras mujeres que se permitan lo mismo que yo. Mi familia y el amor nunca faltaron para poder hoy ser collagista.
Todo, todo lo aprendido pudo releerse, el caos se volvió un aliado y ya no tuve dudas. Quizás el tiempo, quizás la edad: el collage se volvió mi lenguaje universal.
Vivo en Mar del Plata, hoy mi ciudad feliz. Desde 2025 estoy al frente de Fragmentario, mi taller de collage analógico, donde abro mis puertas, mi mente y mi alma a quienes se animen o tengan curiosidad en empezar a ver distinto, sabiendo que es un camino solo de ida.
Taller de collage analógico
Fragmentario es mi taller de collage analógico: un espacio de creación para adultos, con o sin experiencia, que quieran explorar el collage como lenguaje artístico y como herramienta de pensamiento.
Trabajamos alrededor de una gran mesa llena de revistas, donde las imágenes van y vienen, se cortan, se desarman, se vuelven a armar y se resignifican. El collage es proceso, montaje y azar. Es colectivo e introspectivo: se trabaja, se dialoga y se escucha.
Cada ciclo recorre distintos problemas visuales (el espacio, el objeto, la memoria, los recorridos personales) junto a referentes del arte del siglo XX, buscando construir sentido y una mirada propia más que reproducir estilos.